La Brújula de la Ternura
Ésta es la brújula para el camino.
Es más, la Brújula es el camino.
Todo viaje necesita una brújula, para no perderse, para orientarse. La nuestra recoge las tres consignas que nos regaló Carlos Menéndez y que, en el desarrollo de los Talleres de Ternura, hemos reformulado como la Brújula de la Ternura.
A diferencia de las brújulas imantadas que señalan el norte magnético terrestre, esta brújula señala siempre mi propio centro, porque este es un viaje hacia mi ser.
Es una herramienta para el encuentro, para la ternura. Por eso la llamamos la Brújula de la Ternura.
Las tres consignas de la Brújula de la Ternura
Yo soy lo más importante
Reconocerme como centro, cuidar de mí, ponerme en primer lugar, para poder, así sí, desde mí, darme a ti.
Solo puedo dar si tengo; solo puedo dar si me lleno de mí.
Sin olvidar en ningún momento que, como dijo José Ortega y Gasset, yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella, no me salvo yo.
No hago nada que no quiero hacer
Respetar y cuidar mis límites, diciendo no cuando no quiero algo.
El no hacer lo que no quiero no rompe la comunicación, sino todo lo contrario: lleva a una comunicación auténtica. Solo así podemos relacionarnos con la tranquilidad de saber que la otra persona, en todo momento, me va a decir lo que quiere y lo que no. Solo de esta manera podremos verdaderamente encontrarnos.
Decirte que no a algo no es decirte que no a ti. Es no a ese algo que no quiero. Porque a ti, que me quiero encontrar contigo, te estoy diciendo que sí. Y como quiero encontrarme contigo, estoy diciéndote cómo quiero encontrarme contigo.
No dejo de hacer nada que quiera hacer
La referencia soy yo, no el otro.
La invitación es a darme la posibilidad de no dejar de hacer nada por mis propias limitaciones.
Teniendo siempre en cuenta y cuidando, por supuesto, a las otras personas, y al contexto.
Las tres consignas de esta brújula solo tienen sentido si se plantean para el encuentro, para el cuidado mutuo, para la ternura.
Por eso es la Brújula de la Ternura.
